FEBRERO 18 DE 2025
Los desplazados ambientales o migrantes climáticos, que dejan tus países y sus hogares huyendo de la pobreza y la hambruna por toda mala suerte de fenómenos naturales o eventos climáticos extremos, son “visibles” y van en aumento, pero no son habituales en los informativos, ni los protagonizan, y tampoco figuran como asunto prioritario en las agendas de los políticos. Lo que sabemos según el diccionario de Acción Humanitaria y Cooperación al Desarrollo, se entiende por desplazamiento o refugiados ambientales o climáticos, las personas que se han visto obligadas a migrar a otros lugares a causa de la degradación medioambiental experimentada en su lugar de origen, por razones naturales o por la acción del hombre, la identificación sirve también para los desplazados internos que no cruzan las fronteras en sus países, pero que la misma razón se ven forzados a abandonar sus hogares, fue en 1985 cuando Essam El-Hinnawi, profesor e investigador del programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), empezó a utilizar este concepto que , no obstante , en algunos sectores se habían atribuido ya un año antes al Instituto Internacional del Medio Ambiente y Desarrollo (IIED) de Inglaterra. Aunque desde entonces su uso se ha extendido, los países no han reaccionado a un para contemplar en sus normativas la categoría de refugiado climático o desplazado ambiental. Las convenciones de Ginebra sobre protección internacional a desplazados por guerras y otro conflicto datan de mediados del siglo XIX y no reconocen a los refugiados climáticos por no existir entonces conciencia del problema, ni por tanto denominación para el mismo.
Si bien el Pacto Mundial sobre refugiados, ratificado en la Asamblea de Ginebra de la UNO, reconoce que el clima. A degradación ambiental y los desastres naturales interactúan cada vez más con las cusas detrás de los desplazamientos de refugiados en términos legales, hasta la fecha los refugiados ambientales no tienen amparo normativo en el derecho internacional y solo algunos países como Suecia o Finlandia, incluyen a los migrantes ambientales así los contemplan en una categoría especial de personas que necesitan protección. Lo más reciente es el pronunciamiento, en este enero de 2020, del Comité de Derechos Humanos de la ONU (CDH)sobre la denegación de asilo como refugiado climático por parte de Nueva Zelanda a un ciudadano de Kiribati, una nación del pacifico Sur. La alta institución que, aunque no califica entonces de “ilegal” la decisión, si aconseja a los gobiernos tener en cuentea los derechos humanos de las personas afectadas por la crisis climática en un proceso de deportación, lo que marcaba ya un precedente global.
Y si los datos no son alentadores en el presente, tampoco lo son para el futuro, según estadística del Centro de Vigilancia de los Desplazamientos Internos, más de 376 millones de personas de todo el mundo han sido desplazados por inundaciones, tormentas, terremotos o sequias desde 2008, con un record de 32,6 millones solo en 2022, el Banco Mundial advierte que en el año 2050 os refugiados climáticos serán más de 140 millones procedentes sobre todo de África, Asia y América Latina, las tres regiones del mundo que representan el 55%de la población que habita en los países en desarrollo. Otras entidades internacionales como el Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo, (PNUMA) elevan a 250 los millones de expatriados ambientales pare esa fecha.
Factor desestabilizar de paz en el mundo, y así a los migrantes por motivos climáticos, efecto ya casi inevitable de la crisis climática, ser suman los millones de desplazados por razones económicas, sociales o políticas, el factor de desestabilización de paz en el mundo está servido, según ACNUR. Ya en 2019 un estudio del Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA) demostraba, por primera vez con datos que el cambio climático exacerba conflictos y migración, citaba como ejemplo Siria, que vive hoy los efectos de la guerra civil de 2011, pero que entre 2007 y 2010, antes de iniciarse el conflicto había sufrido una gran sequía, que obligo a 1.5 millones de personas a trasladarse a ciudades como Alepo (norte) y Damasco (suroeste) y provoco un deterioro progresivo de las condiciones de vida. Los efectos posteriores quedaron plasmados en los sucesos que aún no han terminado.
Fuente: Agencia EFE.
Noticias: Internacionales. Tomado: ECO-SITIO portal de medio Ambiental y ecología.